La importancia del grooming emocional
- psicologaclaudiav
- 24 abr
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Hay relaciones que no empiezan con maltrato. Comienzan con una atención desmedida, un vínculo instantáneo y la impresión de que "al fin alguien te comprendió".
Eso también puede ser manipulación.

Desde un enfoque psicológico, el grooming emocional se entiende como un proceso relacional de manipulación progresiva donde una persona establece un vínculo estratégico para generar dependencia, control y distorsión de la realidad emocional en la otra.
La manipulación se manifiesta mediante el uso de lo que se conoce como “refuerzo intermitente”, dicho en otras palabras. La manipulación se ejerce a través de los comportamientos, actos y situaciones ejecutadas por la persona manipuladora para crear un ambiente ideal donde se crea la necesidad y codependencia traducida a un condicionamiento, generando un gancho en la pareja.
Esto con la intención de obtener control emocional y psicológico de la víctima; desarrollándose de manera gradual a través del tiempo, lo que deriva en que pase desapercibido para la pareja. Emplea técnicas como gaslighting y chantaje emocional, alternando conductas de afecto y rechazo, lo cual favorece la generación de dependencia emocional y una necesidad persistente de validación externa.
En los casos de mayor gravedad, el chantaje puede evolucionar hacia amenazas de autolesión o suicidio, así como hacia la manipulación del bienestar de la víctima o de sus allegados como mecanismo de coerción.
Estrategia utilizada para erosionar la autonomía de la víctima, permitiendo al agresor consolidar su poder y redefinir la percepción de la relación. Asimismo, genera una distorsión en la víctima respecto de sí misma, sus actos, pensamientos y emociones mediante críticas sutiles como: ‘Eso no pasó’, ‘Estás exagerando’ o ‘Todo está en tu cabeza’, anclándose en las heridas emocionales que dichas conductas provocan y en vulnerabilidades previas de la víctima. Generando un estado de indefensión aprendida.
El groming emocional suele desarrollarse en varias fases:
Captación: el manipulador muestra atención, comprensión o empatía.
Vínculo: genera dependencia emocional mediante halagos o apoyo constante.
Aislamiento: reduce la red de apoyo de la víctima.
Control y abuso: impone culpa, miedo o sumisión, buscando beneficios emocionales, sexuales o materiales.
El impacto de esta dinámica puede incluir ansiedad, culpa, confusión y deterioro de la autoestima. Entre sus manifestaciones más frecuentes se encuentran el aislamiento, la dependencia excesiva, la confusión persistente, la culpa al establecer límites, la dependencia emocional encubierta y el miedo a contrariar al manipulador. La intervención temprana y el acompañamiento psicológico resultan esenciales para interrumpir este ciclo de abuso.
En la era digital, el grooming emocional también puede manifestarse en redes sociales y entornos virtuales, particularmente entre población joven.
La educación emocional, la promoción de límites saludables y la sensibilización social constituyen herramientas fundamentales para su prevención y para el adecuado acompañamiento de las personas afectadas.
Si te confunde, probablemente no es amor sano.
Psic. Claudia Valencia




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